lunes, 29 de julio de 2013

La Prisión de Ana





Una joven una historia trágica un futuro incierto...








La jaula va perdiendo su brillo, ahora es difícil creer que es de oro, por la suciedad que la cubre,
pero la mugre viene del polvo, y el polvo viene de lo que fuimos…cuando no limpiamos , cuando
dejamos que las pequeñas cosas se vuelvan en grandes tempestades, cuando olvidamos quien
somos , vivimos en el pasado, en mi caso he formado una jaula , con paredes del más fino mármol
blanco que haya habido, ventanas con los más gruesos y resistentes cristales de hermosos colores
que cuando los cubre el sol, dibujan un arcoíris en las pálidas paredes de lo que los demás llaman
mi hogar, pero hace tiempo que mi palacio de “oro” como muchos lo llaman ha perdido el brillo
que me deslumbraba hace ya veinte inviernos , paso de ser mi morada, a mi jaula, una jaula de
oro, en donde dependo de una mano que me da de comer cual ave capturada, se que soy bella ,
aun no pierdo el pecado de la vanidad que me caracteriza desde niña, sin embargo , veo mi rostro
que poco a poco pierde el encanto que a mí misma me encantaba, ya no tengo el brillo en los ojos
del que tanto hablaba mi padre, ya no tengo las suaves manos de las que presumía mi madre a sus
amigas con tanto fervor, ya no tengo el vientre ni los senos en los que verdadero y único amor
alguna vez plasmo sus besos , no sé si soy ciega, o no se recocer la verdad, me considero bella pero
ya no es lo mismo que ayer, dieciocho años cumplí aquel verano , época de regocijo en el reino por
el matrimonio del Rey Carlos II y la ahora Reina Elizabeth V , época de bienestar según la gente de
la época por los excelentes vinos de aquella cosecha, por la grandes calabazas que dio el otoño ,
por las lluvias abundantes pero no ahogantes que hicieron crecer los sembradíos, paro todos la
mejor época menos para mi, pues mi padre murió , me dejo a mí, mi madre y dos hermanas con
una enorme casa imposible de mantener por si solas, pero entonces apareció el salvador , la mano
que nos dio de comer, la misma mano que lentamente tejió una telaraña en donde mis hermanas,
mi madre y yo quedamos atrapadas.
Una propuesta generosa nos dio, se casaría conmigo la mayor de tres hermanas, la más
bella según él, a cambio él nos proveería casa, alimento y dinero; a cambio me quitaría mi
verdadero amor.
En otoño estaba todo vendido, una subasta acabo con lo que mi padre construyo por años,
yo doy dos monedas de plata gritaban atrás, yo doy tres gritaban a la izquierda, era duro ver
como familias desconocidas se quedaban con mis recuerdos, era duro ver el rostro de Daniel mi
primer amor, sentado al frente me veía con recelo mientras mi nuevo prometido, ¡El salvador de la
familia! Me sostenía imprudentemente de la cadera, y el honor de mi familia me obligaba a no
abofetearlo, que ese mismo honor, esa necesidad, me obligaban a alejarme de quien yo ame, de a
quien yo me le entregue.
Daniel oferto diez monedas de plata por la que fue mi caja musical, por la caja musical que
el me regalo el día siguiente que me le entregue, todos lo miraban intrigado, no vale más de 1
moneda pensaban todos. Tomo la caja, me lanzo una mirada que me ocasiono un dolor tremendo,
como una daga directa al corazón y se marchó.
Enrique tomo el dinero de la subasta, y esa misma noche nos mudamos a su palacio, la
locura y ambición, corroyeron mis sentidos era obvio que el no necesitaba el dinero que acababa
de ganar con la subasta, pues tenía mucho más. Y así comenzó paredes de mármol que
mantendrían mi piel suave, leche de cabra para mis pies y solo la mejor miel. Lujos tras
lujos,minaron en mi mente la Ana que alguna vez fui, dejándola muy oculta, sin embargo la
soledad y el sufrimiento comenzaron a dispersar esas ideas nubladas. Aún recuerdo nuestra
primer noches, recuerdo el asco que me dio, Enrique el gran comerciante del reino , un hombre de
más de cincuenta años, un hombre sucio mal oliente y asqueroso, ¿Cómo entregarme a el? Pensé ,
y peor aún , con la estúpida tradición de tener que entregarme virgen era evidente el aprieto en el
que me encontraba. Pero un pedazo de pellejo del pollo que esa noche cocinaron me salvo, sin
embargo no se que me dio mas asco , si tener el tejido empapado de sangre del mismo corazón
del ave en mi vagina o el nauseabundo miembro de ese inhóspito hombre.
Mis hermanas se han casado ya, afortunadas, más que yo, con hombres jóvenes y guapos,
leales y trabajadores que me recuerdan a ese dulce amor del ayer, a mi único y verdadero amor…
a Daniel.
Mi madre se fugó al más allá, al otro mundo se fue hace un mes, testigo silencioso de mi
sufrimiento, cómplice de mi captor, paso de madre a sirvienta, de sirvienta a esclava, de esclava a
una completa desconocida, de una desconocida a un cuerpo en descomposición…a alimento de
gusanos. No sé si esto sea malo, o tal vez muy perverso, pero me alegro que ya no esté aquí, me
alegro que mi madre haya sido la respuesta, la llave de esta jaula de oro.
Veinte inviernos han pasado ya desde que vi y bese a mi primer y único amor, veinte
inviernos van desde que mi padre murió, veinte inviernos van desde que Enrique me compro, un
comerciante digno eso lo admito, pues no solo no gasto en mí, sino que incluso se enriqueció al
tenerme.

Hoy es la noche, hoy pondré a prueba la llave que mama me dio, la llave de la jaula de oro,
Enrique es un hombre anciano ya, ¿Qué acaso no mueren las personas cuando viejas están?, a
pesar de su edad reconozco su vigor, es un hombre
pervertido, y tiene extraños métodos sexuales,
que ha pesar de mi repudio a veces me pueden gustar.
Hoy ayude a las sirvientas a limpiar, no dijeron nada, se quedaron pasmadas porque “la
señora de la casa” les ayudase, pero la verdad es que he perdido todo rastro de humildad, he
tomado por segunda vez el veneno que colocan para los zorros detrás del gallinero, hace un mes
comprobé su efectividad, un poco en el pene de mi “querido esposo” a Enrique el violador de
esclavas, aunque nunca pensé que la víctima fuera ser mi propia madre.
Esta noche será la segunda vez que ponga algo extraño en mi vagina, pero se que será la
última vez, un veneno incoloro e inodoro, no advierte peligro alguno para los astutos zorros, solo
las sirvientas saben dónde está por que recuerdan donde lo colocaron. Un anciano pervertido
tampoco lo detectara. Y así comenzó mi última noche de tortura, su asquerosa saliva dejo como
siempre ese fétido olor en mi pecho, mientras su pene se paseaba erecto por mi entrepierna, acto
seguido hizo lo que siempre, pero sería la última vez que alguien tan aberrante coloca su boca en
mi vagina.
El viejo no tiene pulso ya, un joven apuesto aguarda a la puerta de mi jaula, pero esa jaula
ya no está cerrada, amablemente me ayuda a subir tres maletas, me pregunto a mí misma que
hare con tanto dinero, cuando bajo con las sirvientas lloran y me abrazan, les he entregado 100
monedas de plata y 100 monedas de oro a cada una , simplemente no podía cargar tanto dinero, y
así la culpa no solo era mía, ellas sabían del crimen pero parecen más alegres que perturbadas.
Cuando subo al carruaje , veo un joven apuesto tirando del caballo, en definitiva no es la primera
vez que veo esa sonrisa, siento una extraña y excitante curiosidad y procedo a preguntarle su
nombre - Mi nombre es Daniel señora. Veinte inviernos han pasado desde mi último amor, pero si
bien para algo ayudo el dinero, es para no permitir que el paso de los años mermara en mi sus
garras como con los demás. Al fin y en cuentas para el amor no hay edad.

Escrito por Mario Daniel Martinez Sandoval.
Todos los derechos reservados.


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